Han pasado algunos meses desde que escribí otras líneas sobre los límites de la democracia, el 15 de diciembre de 2025. Y, curiosamente, no tengo demasiado que corregir. Más bien tengo que añadir. Porque hay cosas que, con el paso del tiempo, dejan de ser sospechas y empiezan a convertirse en hechos. Y hay otras que, por mucho que uno quisiera, ya no pueden explicarse como simples errores, accidentes o diferencias de criterio. No quiero hablar de derecha ni de izquierda. Ya dije que esas palabras se quedan pequeñas para explicar lo que verdaderamente importa. Prefiero hablar de democracia. De humanidad. De esa frontera invisible que separa lo que una sociedad está dispuesta a tolerar de aquello que jamás debería aceptar. Y vaya si hemos tenido motivos para pensar. En estos meses hemos visto cómo el discurso del orden, de la seguridad y de la autoridad, ese que parecía venir a poner cada cosa en su sitio, ha terminado tropezando con sus propias decisiones. Porque resulta que, mient...
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