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Entradas

Alejandro Palma – Escritor

Bienvenido a este blog  =) Siempre que encuentro un escritor nuevo me pregunto ¿sobre qué escribe? ¿conectaré con su narrativa? Aquí no hay certezas, sólo pasadizos. Pero si los recorres, puedes encontrar ideas a esas preguntas. Este blog es una biblioteca que se sueña a sí misma, un tablero donde el lector mueve piezas que ya fueron movidas por otro. Los textos no buscan respuestas, sino preguntas más interesantes. A veces son cuentos disfrazados de ensayos; otras, espejos que sólo reflejan si uno los mira de perfil. Se recomienda entrar sin apuro y salir sin haber entendido todo. ¿Qué encontrarás aquí? Literatura contemporánea e independiente escrita desde Chile, entre lo cotidiano y lo simbólico, con mirada crítica, sensible y reflexiva. Narrativa breve, cuenmas (esa mezcla entre cuento y poema), reflexiones, ensayos, libros, preguntas. Textos que buscan sentir y pensar al mismo tiempo, con raíces locales y mirada universal. Talleres de lectura y escritura.    Mis Libr...
Entradas recientes

sobre redes y márgenes

Querido hermano en el scroll infinito: Las redes sociales hoy son redes individuales. Ya no conectan personas: ofrecen distracción, seguidores y propaganda. Entre dos amigos se cuelan tres anuncios; luego aparecen diez desconocidos, y después —si hay suerte— otra cuenta conocida, aunque lo más probable es que vuelvan los anuncios, obedientes, puntuales. La red está llena de ruido. Y no de cualquier ruido, sino de ese que el algoritmo sabe que te gusta, o que sospecha que necesitas. Uno entra buscando una voz y sale con un eco que se parece demasiado a la propia. El sistema, solícito como un mayordomo indiscreto, aprende rápido: toma nota de lo que miramos de reojo, de lo que dejamos correr, de aquello que nos detiene un segundo más de lo necesario. Entonces nos lo devuelve multiplicado, barnizado de novedad, para que creamos que seguimos descubriendo algo cuando en realidad estamos dando vueltas dentro del mismo cuarto. Antes la sorpresa venía del otro; ahora viene del cálculo. La red ...

poema sobre lo efímero

Apenas un parpadeo A veces la vida se deja caer en la palma como una moneda tibia: pesa tan poco que uno duda si sostenerla o dejar que ruede hasta perderse en las ranuras del día. Porque es eso, ¿sabes? Un día, o cien años, qué diferencia. La duración es un truco barato que usamos para creer que avanzamos, cuando en realidad giramos alrededor de un punto que nunca vemos pero que está ahí, respirando en silencio. Y sin embargo —mira qué ironía— cada segundo se planta frente a nosotros como un perro obstinado: espera que lo miremos, que lo nombremos, que aceptemos que es el único que existe. El presente es un animal frágil, pero también el más feroz. Se rompe con una mirada distraída y aun así vuelve a armarse, como esas figuras de papel que uno intenta deshacer pero siempre encuentran la manera de recomponerse en el aire. Vivir es eso: una sucesión de instantes que se fugan apenas los pensamos, y que sin embargo nos definen con la precisión absurda de un reloj que no marca las horas si...

Sobre límites e incomodidades

Carta sobre los límites, escrita desde una mesa que no discute Querido —o queride— lector: Hay ideas que no se piensan sentadas en una silla firme, sino apoyadas en el borde de la cama, cuando uno ya decidió no llamar y tampoco explicarse. Esta es una de esas. Nos han enseñado —con una pedagogía amable y una violencia persistente— que el amor consiste en soportar. Que la madurez es un músculo que se ejercita tragando humo ajeno, sobremesas eternas, familias que opinan como si fueran dueñas del cuerpo que uno habita. Nos dijeron que irse es fácil, que quedarse es noble, que la incomodidad pule el carácter. Y uno, obediente, intenta. Pero hay fricciones que no enseñan nada. No hablo de los desacuerdos vivos, de las discusiones que abren ventanas, de las diferencias que hacen pensar. Hablo de esas otras cosas que algunos pueden transar y otros no: el cigarrillo que nunca es uno solo, la madre que entra sin tocar, la costumbre que se instala como un mueble mal puesto y obliga a caminar de ...

Carta al cambio social vivido

Querido lector  —o quien sea que haya abierto este sobre sin remitente—: Nací en 1976, en un Chile que ya venía hablando en voz baja. No lo recuerdo, claro, pero hay recuerdos que no son de uno sino del aire, de las paredes, del modo en que los adultos cerraban las ventanas antes de decir ciertas palabras. Es curioso cómo uno puede crecer dentro de una frase inconclusa. Mi infancia ocurrió frente a una televisión que era casi un altar doméstico. Los sábados, el país entero parecía sentarse en el mismo sillón. Sábado Gigante no era solo un programa: era una tregua, una pausa donde la risa venía envasada y autorizada. Mientras tanto, la calle —esa vieja escuela del encuentro— se iba quedando vacía, como si alguien hubiera cambiado el escenario sin avisar. Ya no se conversaba en la vereda: se comentaba el programa del día anterior. Aprendí temprano que la casa era un mundo cerrado y que el mundo, a su vez, estaba lejos. Mi madre —como tantas— empezó siendo el centro invisible del hoga...

El paradigma del progreso infinito

1. El paradigma Podríamos llamarlo, simplificando: Paradigma tecno-progresista (o fe en la adaptación tecnológica) Su idea central es: La humanidad siempre enfrenta límites. Esos límites generan crisis. La tecnología encuentra soluciones. El progreso continúa. Históricamente, tiene razón muchas veces: Hambre → revolución agrícola Enfermedades → vacunas y antibióticos Escasez energética → nuevas fuentes Distancias → transporte y comunicación Desde este punto de vista, ser optimista no es ingenuo, es empírico. 2. Por qué este paradigma es tan convincente Porque se apoya en tres hechos reales: a) La historia muestra adaptación La especie no solo sobrevive, sino que transforma su entorno. Eso es indiscutible. b) La tecnología avanza más rápido que antes IA, biotecnología, energías nuevas: nunca hubo tanta capacidad técnica acumulada. c) El colapso total nunca ocurrió Hubo colapsos locales, imperios que cayeron, pero la humanidad siguió. Hasta acá, el paradigma no es irracional. 3. El punto...

Un juego serio llamado progreso

Querides lectores: La historia suele contarse como una escalera. Un peldaño detrás de otro, fechas ordenadas, nombres propios subrayados. Pero basta mirarla de costado para notar que no subimos: damos vueltas, como en esas rayuelas dibujadas en la vereda donde el cielo está siempre un poco más adelante y un poco más arriba, y nunca se pisa del todo. Hacia 1700, el mundo empezó a sospechar que los reyes no eran enviados de nadie, que la razón podía iluminar rincones donde antes mandaba la costumbre. La Ilustración fue una linterna encendida en una habitación cargada de polvo. Se habló de igualdad, de libertad, de derechos. Se habló, sobre todo, de que el poder podía dejar de ser hereditario. Y entonces, como era de esperarse, el polvo se levantó. Las revoluciones —la de 1776, la de 1789— parecieron confirmar que el juego había cambiado. Se cortaron cabezas, se escribieron declaraciones, se proclamó al pueblo como soberano. Pero el error fue creer que el poder vive en los palacios. El po...

carta a vivir tranquilo

Querido/a —porque siempre hay alguien del otro lado aunque finjamos que escribimos al aire—: Te escribo esta carta que no sabe si quiere ser ensayo o si prefiere quedarse en carta, como esas cosas que no eligen del todo y por eso se vuelven interesantes. No vengo a hablar de revoluciones con mayúscula ni de gestos heroicos que salen en los libros de historia; vengo a hablar de la mesa, de la silla que cojea, del pan que alcanza justo y a veces ni eso. Nos dicen —siempre hay alguien que nos dice— que para vivir mejor hay que arrancar el poder de manos ajenas, como si el poder fuera una fruta madura y nosotros unos ladrones nocturnos. Pero no. No queremos quitar nada. Ni coronas, ni sillones, ni palabras grandilocuentes. Que se queden con sus trajes bien planchados y sus discursos circulares. No es envidia lo que nos mueve, es cansancio. El mundo no cambió hacia el lugar correcto y no lo va hacer muy pronto. El problema no es que ellos tengan mucho, sino que nosotros tengamos tan poco qu...