Cuchara dormida
ha dejado caer los brazos
con una lentitud que ya no es elegancia.
No espera ser salvado.
En la penumbra de la cocina
una cuchara ha desaparecido.
No hubo ruido.
Durante días
nadie preguntó por ella.
Cuando la encontré,
entre libros antiguos y una servilleta de lino,
me pareció dormida.
La devolví a su lugar,
junto a otras que tampoco hablaban
pensé:
tal vez son ellas
las que aún intentan sostener
el peso leve
de lo que queda
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